domingo 29 de noviembre de 2009

A Christmas Carol


Atormentado por el pasado. Obviando el presente. Preocupado por el futuro. Así vive el hombre y así será siempre. Parece que busca la eterna felicidad pero no hace absolutamente nada para conseguirla en cualquiera de los tres tiempos. Podría aprender de las pretéritas experiencias, en vez de encadenarse a los malos recuerdos. Podría valorar más aquello que es y lo que tiene y no lo que anhela tener, siempre cegado por el afán tortuoso de adelantarse a los acontecimientos y verse esbozado en un futuro incierto que nadie tiene asegurado.

Saco conclusiones tras ver en el cine “Un Cuento de Navidad” (A Christmas Carol), basada en la novela de Charles Dickens y que siempre me ha fascinado para bien. Supuestamente para niños, se recomienda obligatoriamente a todo adulto que lleve vida similar a Ebeneezer Scrooge, un anciano mísero y egoísta, producto de un dramático pasado amoroso, que odia todo lo relacionado con la Navidad. No quiere vivirla. No quiere sentir y sin embargo, adolece de una soledad cruel que le acompaña constantemente.

Todo ello me lleva a pensar el tiempo que perdemos en analizar lo que vivimos en vez de vivirlo. Tarea ardua, pero modificable. No quiero decir con esto, que olvidemos el pasado y no hagamos planes futuros pero todo en su justa medida. Las aspiraciones son perniciosas cuando no se consiguen y desembocan en una nueva hornada de metas fijadas. Se ha desarrollado una sociedad mentalmente futurista, donde realmente, quien más anhela es quien menos tiene. Y a pesar de los resultados obtenidos, muchos se empeñan en planificar equivocadamente el largo plazo, como si tuvieran algún poder de decisión.

No querer vivir ya el futuro, no significa, como muchos piensan, fracasar en el presente o seguir siendo la pereza del pasado. Prefiero disfrutar del presente, aunque no diré hoy como se hace. Exprimo lo vivido para adaptarlo a mí ahora y no veo más allá de dos meses. Y es que soy de aquellos que piensan que no es el más mayor quien tiene más historias por contar, sino aquel que no se paraliza por el miedo de lo que vendrá.




domingo 13 de septiembre de 2009

Love Is Not In The Air


Cupido debe estar de vacaciones forzadas, y no es para menos. Viendo el programa de Telecinco “Mujeres y Hombres y Viceversa”, uno se da cuenta de que ha debido producirse algún tipo de error genético entre la generación de nuestros padres y la nuestra propia.


No me había fijado demasiado en el programa, hasta que mi alargado retiro estival, incluso en ocasiones desmesurado, me ha llevado a pasar las mañanas contemplando, banana y donut en mano, al conjunto de hombres, mujeres y algún que otro indescriptible conato de sentimiento, en esa jaula de grillos, que no se por qué me quejo, si no es más que una coqueta representación de lo que todos sabemos que existe en esta vida a la hora de ligar, o en el mejor de los casos, encontrar ese medio lado que nos pertenece y que la mayoría no llega a ver ni idealizando.


El amor, al menos como yo lo quiero sentir, ya no existe. Tan distinto en el tacto diario y tan semejante en la idea en la cual basamos todas nuestras expectativas. Cuando por gustosa obligación tengo que contestar a esas archiconocidas preguntas sobre los rasgos que debe tener la persona con la que sueño, abrazado a una almohada, no me suelo desviar de lo que opinan los demás. Todos anhelamos una figura fiel, sincera hasta resquebrajarse, que nos convierta en aquello por lo que se despierta cada mañana y ante todo que nos quiera.


En el citado programa, veo desfilar a un interminable tropel de guapos de la noche, recubiertos por fuera pero caducos por dentro. Ellos, escandalosos infieles en busca de fama y un guarreo nocturno más extremo aun si cabe. Ellas, con faldas por las axilas y un buen tacón, patrocinan anónimamente cabinas de rayos uva, operaciones de pecho y mercados donde deben hacerse los tatuajes, piercings y demás sobriedades de estilo.


Viendo que tanto los descerebrados como las fashion-prostitutas van convirtiéndose en iconos para el resto, el que antes era más útil en moralidad, termina cediéndola a cambio de triunfar en los locales de moda y eso agota el listado de posibles maridos o esposas del futuro. La fidelidad y el respeto se tornan a grandes pechos siliconados, bronceados artificiales, dinero y sexo fortuito, que en mi opinión disfraza ese ideal de “toda la vida juntos”, que en la boca queda precioso, pero imposible en los genitales.

viernes 11 de septiembre de 2009

¡Arriba La Esteban!


Siempre supe que terminaría hablando de ella pero nunca imaginé que fuera tan pronto. No pretendía esquivarla. Simplemente no encontraba argumentos para dedicarle uno de mis escritos.
Nunca sentí curiosidad por sus avatares, pero como el resto de los españoles, era consciente de sus gozos y miserias. Ayer noche, aparecía en el programa de Telecinco, “Sálvame”, que yo prefiero apodar como “Sálvese quien pueda”, para responder a todo lo que marcó el interés informativo desde primera hora de la mañana y que incluso llegó a ocupar la apertura del boletín de noticias de Antena 3 televisión.


Todo comenzó cuando saltó la noticia de que el Defensor del Menor podría iniciar una investigación sobre Belén Esteban y sus actuaciones televisivas en la que presuntamente vulnera el derecho a la intimidad de su hija. Determinados “periodistas” llegaron aún más lejos, resaltando que la custodia de la niña podría ser alterada o retirada, debido a los constantes comentarios que la tertuliana expone sobre la privada existencia de su hija.


Quizás brutalmente exagerada en las formas, esclava de su propia tragedia, sin la cual desconozco como podría ganarse la vida, devora porcentajes de audiencia y es el cebo perfecto para una buena noche de pesca televisiva. No es consciente de la parrilla en la que mi “querido” Jorge Javier Vázquez la intenta dar vuelta y vuelta a diario, pese a declarar que le adora y aprende de ella constantemente. ¡Dios mío, lo que hace uno por blindar todavía más el contrato que le une con Vasile!


Caso omiso a las malas interpretaciones. Belén Esteban ha terminado por dejar buen sabor de boca. Considero que lleva a cabo una lucha justa por los derechos de su hija y obviamente, manifestando aspectos que le pertenecen y por tanto, en pleno poder de publicación. Criticada por criterios clasicistas es una de las grandes incomprendidas de la pequeña pantalla. Me aburren los topicazos “Es una chica de barrio”, “Es una pobre inculta”, “Vive del torero”. Me gustaría que se dijera lo mismo de mujeres mejor posicionadas socialmente en origen y con trayectorias más oscuras. Al fin y al cabo, ella es rematadamente vulgar, pero sincera.


Sin embargo, lo más importante es la triste opinión que mantengo sobre la justicia de esta pequeña localidad del norte africano llamada España. Con todo el trabajo que se acumula con respecto a adolescentes criminales que violan, asesinan, esconden cuerpos y se burlan del país con descaro, el campo jurídico español solo centra sus objetivos en que Andreita pueda comerse el pollo, eso sí, con discreción y la cara pixelada.

lunes 17 de agosto de 2009

Heart Of Glass ( Blondie )

Desde hace años tengo unas preciosas y oscuras amigas que además de protegerme contra el sol, me permiten ver un mundo diferente. Agazapado tras ellas, soy capaz de mantener la mirada, para desconcierto de los demás o cubrir el deterioro de una noche de desfase además de camuflar cualquier tipo de emoción o sentimiento de cosecha propia.

Redescubriendo a Blondie, y en especial el anuncio dirigido por mi apreciadísimo David Lynch, que inserta dicha canción en el spot televisivo de una marca de perfumes, a uno le dan ganas de salir a la calle y comerse el mundo. Bajo la sombra de unas buenas gafas y con la cabeza bien alta, paseo con esa humilde altanería que escasamente dura poco más de cuatro minutos. Suficiente para que aflore toda esa belleza aletargada que se contonea por dentro pero que por fuera ni se inmuta y sin embargo hace que me sitúe en el ojo del huracán.




Después, doblo de nuevo la cabeza hacia el suelo, costumbre que la mayor parte de la gente adquiere desde la niñez y que algunos achacan a vergüenza e inseguridad. Yo, al menos, encontré la forma de liberar una vez al día, todas esa fuerza socialmente inerte.

sábado 15 de agosto de 2009

Alfredo's Barbacue






Hace unas semanas discutía con un “amigo” sobre la comida del día siguiente. Él, acostumbrado a sitios ostentosos, pretendía almorzar en algún restaurante céntrico y mascado. Yo, acostumbrado a comer, sin mirar qué, cómo o cuánto cuesta, pretendía alejarme por momentos del típico manual de buenos modales en la mesa y comer algo más que cuatro adornos de un plato sobrio pero perfectamente decorado.

Puse tres condiciones: “Quiero algo grasiento”, Quiero algo barato” y “Quiero algo delicioso”. Por ello, al día siguiente me vi en pleno Barrio Salamanca, delante de una fachada con un letrero que decía : “Alfredo’s Barbacoa “.


Me sorprendió gratamente que en un lugar tan pomposo, que rezuma falso glamour por todas partes, existiera un recoveco con tanto brío, revoltijo de elegantes ejecutivos, estudiantes del momento y un sin fin de personajes, que solamente algún director de cine underground, podría describir en imagen.


Su propio creador, Alfredo, es una de las principales motivaciones del que acude a su local, debido a la fácil amabilidad y en parte, espíritu de leyenda que se ha creado sobre él. No suele estar presente, a diferencia de sus hija, que regenta la crianza de lo que podría empezar a ser una de las grandes cadenas de comida no tan rápida ni basura como muchos argumentan. Sobre las paredes cuelgan cientos de fotos con el neoyorquino, que ha sabido transformar la experiencia en un buen sabor de boca y que como cualquier buen vino, gratifica con el tiempo al paladar y los sentidos.


Seguramente muchos se pregunten si hace falta todo esto, para recomendar simplemente un espacio pequeño y no demasiado refinado, donde comerse una hamburguesa a dos manos. El plato, en sí mismo, se aleja de los sabores rutinarios de McDonalds o Burger King. No hay color. La hamburguesa, sabe a hamburguesa y la calidad siempre ha sido el punto fuerte de Alfredo’s Barbacoa, por lo que pongo en duda que broten sospechas sobre el origen de la carne y todas esas malas promociones de los productos que siempre han logrado el éxito culinario.


Podría nombrar sus entrantes, ensaladas, sus variadas recetas càrnicas o postres que parecen sacados de un mundo cromáticamente diferente, pero si se me permite, realzaré el ambiente, más que la ingesta. Encontré lo que buscaba. Salivar ante 160 gramos de carne, lamer la resbaladiza salsa y todo ello, con mantel y servilleta como si estuviera devorando en el mejor de los asadores.




miércoles 29 de julio de 2009

¿Quién Resucitó A Laura Palmer?

¿Tan mal está la televisión en la actualidad como para intentar resucitar productos de éxito pero obviamente pretéritos, con secuelas o remakes que no harán más que animar al espectador a echar más de menos, si cabe, el original?


Se anunciaba el año pasado a bombo y platillo el regreso de una nueva generación de “Sensación de Vivir”, que al parecer Telecinco ha retirado por baja audiencia y que en Estados Unidos, aun estando lejos de las cifras millonarias que reportaba la serie en los 90’, parece que es lo suficientemente rentable como para producir una segunda temporada compuesta por 22 capítulos, a este momento, sin fecha de emisión. Durante su correcamínica aparición en España, no visioné más que partes sueltas y sinceramente, lo que más me encandiló fue ver a Brenda Walsh ( Shannen Doherty ) y Kelly Taylor ( Jennie Garth ) en una especie de terraza, años después y refrescando la memoria con todos los acontecimientos ocurridos en este tiempo. No hace falta ser adivino para asegurar con rotundidad que el serial morirá por si solo, agonizando en el intento de ser la maquina tragaperras de Hollywood que un día fue.


Así mismo Melrose Place y Twin Peaks tendrán sus posteriores ramificaciones. La primera, no solo confirmada sino derrotada por la negativa de Heather Locklear ( Amanda Woodward ) a participar de nuevo en el proyecto. Y es que debe ser complicado para estos perezosos guionistas intentar devolver personajes ya maduros, que quizás en la serie tuvieron su trama cerrada y que simplemente son utilizados como gancho para atraer nuevas audiencias a productos que queramos o no, terminaron. Es fácil recrearse en el pasado y no exprimirse las neuronas para descubrir historias nuevas, aumentando el problema que existe en la televisión de hoy en día, y que a mi parecer tiene su origen en que hay mucho donde elegir, pero a cual peor.

Twin Peaks es diferente. Kyle MacLachlan, el agente especial del FBI, Dale Cooper en la obra maestra de Lynch ha declarado recientemente que quiere retomar la serie, no a través de la caja tonta sino mediante webisodios de cinco minutos de duración y de la que David Lynch, creador junto a Mark Frost de la serie que revolucionó el mundo entero ha querido desligarse, puesto que no sería en ningún momento cerebro colaborador.
Inquietante resultado tiene esta noticia en mi paladar. No termino de digerir esta resurrección, 18 años después, con gran parte del reparto criando malvas y otros que ya peinan canas. Realmente, considero un desfase imaginativo del famoso detective el querer retornar a algo, que aunque todos lamentamos en su momento, está finiquitado. Demasiado café y tarta de cerezas para destrozar una serie que marcó un antes y un después en la forma de hacer televisión. Que los muertos descansen en paz y se dediquen a crear algo que por fin me haga volver al tan cómodo sillón de mi salón.

martes 16 de junio de 2009

Y Yo Con Estos Pelos


El colorido mundo pijo siempre me ha llamado la atención. Es obvio que todos conocemos a alguien que podría encajar perfectamente en ese mundo, que por respeto a millones de personas no me atrevo a definir. Polémico tema al intentar precisar el concepto de lo que mundialmente se relaciona con individuos pudientes. ¿Uno nace o se hace? ¿Son los ideales? ¿Las serpenteantes muletillas al hablar? ¿Las prendas de marca? ¿Una actitud?

Los he conocido de todos los tamaños y colores y quitando alguna excepción, quizás porque eran nuevos ricos o lo que en Estados Unidos apodan como “wannabe”, no tienen mucho que ver con los mitos que hay tras ellos. Sin embargo, la semana pasada, viendo un reportaje especial en televisión, que trataba de descubrir de que manera la crisis puede llegar a afectar a gente adinerada, apareció esa mujer, o mejor dicho, escombro e inevitable ruina corpórea de lo que algún día supongo que fue. Se llama Carmen Lomana, íntima amiga de Javier Rigau, aquel que frecuentaba ancianas como Gina Lollobrigida, no sabemos si para heredar fortuna o el gusto por unos buenos tacones y un vestido de noche que logre amoldarse a su cintura catalana.

Pensaba que esas rubias acharoladas nunca salían de la pantalla del televisor. Por un momento creí haber vuelto a los tiempos en que estas “señoras” copaban los títulos de crédito de series afamadas como “Falcon Crest”, “Dinastía” y ese largo listón de culebrones que todos conocemos y donde marcaban el estereotipo más inhumano de la riqueza y el poder. Sin embargo, no estaba en los 80’. Es real y camina por la Milla de Oro de Madrid como balanceándose entre algodones. No gesticula ni un músculo por temor a que revienten los puntos y da clases a la sacrificada reportera sobre lo que puede o no puede preguntar, entre otras cosas porque hablar de dinero, según ella es algo grosero y ordinario.


Oh my God!! Saca su vena borde cuando simplemente se le pregunta a que se dedica, y cree salir airosa, al responder “ Mucha gente me hace esa pregunta. Pues a lo mismo que tú. Trabajo. Me levanto a las 9 de la mañana y me encargo de todas las gestiones de un hogar: abogados, bancos, etc. ¿Perdón? Eso lo hacen todas las mujeres de este país y después se marchan a trabajar jornadas de ocho horas mínimo. Hubiera quedado mejor si reconociera tener dinero ( todavía se desconoce el origen ) y vivir disfrutando del mismo, que intentar parecer lo más posh de una clase media que detesta este tipo de personajes, aunque relumbra, según tengo entendido entre pandilleros populares fanáticos de gaviotas anti-crisis, llegando alguno a hacer una tesis sobre la susodicha. Me pregunto que podrá decir de un parásito que solo sabe coleccionar y amontonar no ya en armarios, sino en habitaciones enteras todo lo que para ella representa el ser humano: como se viste y no lo que realmente posee bajo trapos de mil y un diseñadores.