A la tercera va la vencida. El “carente de logopeda”, confirma una abrumadora mayoría en lo que a veces entre sueño y vigilia creía considerar un país que todavía guardaba algún que otro cartucho neuronal. Parece que me equivocaba. Consciente de que perderé lectores por líneas venideras, arriesgo.
Me alegro. Sinceramente. Creo que España, obviamente necesitaba un cambio y aunque el que se ha producido no es el que anhelaba, refuerza la idea que mantengo desde hace tiempo. Gran parte de los ciudadanos de este esbozo europeo o votan con corazón, que no cabeza, o padecen algún tipo de trastorno mental que les impide coordinar más de dos ideas brillantes consecutivas. ¡Aviso a navegant @s! Mí crítica hacia el nuevo y pomposo gobierno nada tiene que ver con posicionarme en el bando rojo. Simplemente, a veces, con mirada pensativa acertaba a imaginar que la gente se preocupaba por las desigualdades sociales y no por las trifulcas de Belén esteban, que leían libros y no pasaban el tiempo de ocio entre fútbol y toros, que la crisis subjetiva se debía verdaderamente a factores externos y no porque la gente viva por encima de sus posibilidades cuando ni siquiera pueden llevarse mendrugo a la boca para verbalizar que tienen casa ajardinada o bólido de alta gama aparcado en la puerta. Por todos ellos, que ofrecen un electroencefalograma plano de una sociedad dividida en dos, sin posibilidad de progreso, lo único que puedo decir es… que me alegro. Me alegro de que pasemos de lo malo a lo peor y de las consecuencias que pueda tener para los que, estando ahora jodidos, votando al Partido Popular, empeoren su situación. Es la única manera de aprender, eso sí, sin quejarse. Yo, mientras tanto, seguiré imaginando que vivo en un país de cabezas pensantes y no muertos cerebrales a lo “The Walking Dead”. ¡Hala, Rajoy! ¡A salir de la crisis!


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