
La navidad me satura. No entiendo, y cada día menos la bobalicona ilusión que la gente tiene por estas fechas. Independientemente de la simbología religiosa, cosa que nos pasamos por el forro, creo que tendríamos que acostarnos el 21 de diciembre y despertarnos tras el soporífero día de reyes. Eso sí, que todos los niños difruten de la "blanca navidad", puesto que es la única etapa en la vida de una persona, en la que estas fiestas pueden llegar a dar fruto.
Personalmente, y con vacaciones hasta el día 8, no llego a comprender, en primer lugar, los adornos. Unas calles tan pomposas y otras con un chabacano cableado que más que anunciar felicidad e ilusión parece que emulan a cualquier sórdido club de carretera. La navidad, ¿no son buenos sentimientos, paz y buenas acciones? El ayuntamiento debe estar cerrado también por vacaciones, ante tales diferencias.
¿Y qué me dicen de las comidas? No se come nada especial, al menos en mi casa, que no se pueda o que no se coma durante el resto del año, inclusive verano. Desesperados por mariscos y carnes, estimulantes salivales, hay personas que no prueban ni bocado durante el día para llenar panza de noche. Una panza que intentarán aplanar pasadas las fiestas con ridículos propósitos para el nuevo año que nunca llegan a ver la luz.
Apenas mencionaré esos abetos de plástico, las barbas y gorros de personajes que supuestamente se cuelan por nuestra chimenea y dejan a regalos a todo el mundo, incluyendo también a los que se portan mal durante el año, porque aunque todos guarden durante días el demonio encabronado que llevan dentro, renacerá tras el atracón de polvorones, turrones y demás repertorio infla-cerebros.
Las calles llenas de borrachos, el metro con basura y empujones, un consumismo exagerado de todos aquellos que viven con el agua al cuello pero regalos han de tener porque entonces, no hubieran tenido una verdadera navidad, esos villancicos pegadizos, en versión clásica o pitufa o cenas con familias donde el pavo tapa secretos, rencillas y mala ostia considerable, son algunas de las cosas que hacen que me plantee perder estas casi 3 semanas de vacaciones en una ciudad donde la festividad religiosa se confunde con whisky, sucedáneo de caviar, centros comerciales con la boca llena de dinero y un atontamiento general que ya colma con las uvas.
El próximo año, huiré a algún sitio, soleado y con mar, quizás donde esté escondido Santa Claus, con coronita en mano y mojito en la otra, lamentándose de lo duro que es trabajar una noche al año.


1 comentarios:
¿Y la otra navidad?
La navidad de los niños que solamene tienen un regalo al año (y la mañoría de veces es una españa de plastico regalada por algun voluntario disfrazado de rey mago)
¿Y su esperanza?
La esperanza de millones de personas que esperan el 24 con ansia porque nació el redentor (familias que son las que no vemos por la calle con las manos llenas de bolsas)
¿Y la sonrisa?
Esa que aparece cuando te sientes bien haciendo algo que normalmente no haces (hay miles de voluntarios que ayudan con multitud de gestos en navidad)
Pues a lo mejor todo eso parece una tontería, pero cada uno vive la navidad a su manera, a tí de vivirla a la tuya. Cada uno es libre de manifestar su alegría a su antojo. Y aunque para la mayoría signifique dos semanas de vacaciones, ¿qué mas da?, cada uno es feliz a su manera.
Pero criticar la navidad es muy facil, o a caso podemos pensar que el resto del año no sucede lo mismo. Con cualquier fiesta o verbena las calles se engalanan con sus mejores luces, cuanto menos por el nacimiento de Cristo, aunque eso solo tenga significado para algunos. Porque a los que vivimos esas fechas como algo más se nos llena el corazón de alegría de ver que todo es festivo para celebrar algo que para ti tiene verdadera importancia.
Al igual que el resto del año, cada uno a lo suyo, porque el verdadero significado de cada cosa reside en el interior de uno mismo, no en las miradas de los demás.
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